sábado, 16 de junio de 2007

Sólo me queda la duda de si es mejor estar sin sentir,
sentir sin estar o no estar ni sentir.
Y sólo esa duda me queda porque este bien podría ser
un bello, melodioso réquiem a la salud de nuestras vidas.
Qué ironía es eso. Es contradictorio, es paradoja.
La tinta poco a poco se acaba, y con ella mis últimas
lágrimas... ya no hay más.
Ahora, lo único que hay es un reloj anunciando el momento
de levantarse, una opaca luz alumbrando y la sombra de lo
que alguna vez fui, escribiéndote lo mucho que me dueles y
lo interminable que te amo.
Vete, y sólo si te das cuenta que tu lugar en mi cama
no es el mismo al que ahora estás, regresa para
presumirme lo feliz que eres.
Sólo si crees que mis labios nunca llegaron a tan buen puerto como hoy,
entonces regresa para demostrar lo equivocado que estaba.
Vete, y sólo regresa a darme tu fotografía, cuando
descubras que ese corazón que te escribe jamás fue
tan cálido como el abrazo que hoy tienes.
Porque si no vas a regresar para eso, o para quedarte,
mejor ya no regreses.

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