No puedo. No sé escribirte. No quiero hacerlo.
Tengo miedo.
Estoy triste. Vivo triste. Te fuiste y sé que es para no
volver. Te fuiste y me dejaste solo. Totalmente y estúpidamente
solo.
Siempre has sido la persona de la que más he aprendido...
sé que he de recordarte con una sonrisa, ¿pero cómo voy a
sonreir cuando me haces tanta falta? ¿Cómo cuándo también me has enseñado
que las despedidas son largas y agónicamente difíciles?
Ese pasillo por el que tantas veces te dije adiós, y que
siempre tenía un saludo también, hoy es interminable, es presente
y futuro... y un pasado que vuelve y vuelve.
¿Te acuerdas de mí? ¿Aún me reconoces? ¿Todavía juegas al circo o
al oso polar? ¿Todavía rezas antes de dormir? Porque yo no. A lo único
que juego es a sonreir, a no recordar que ya no estás, a no pensar que
mi mamá te visita dos o tres veces al año para llenarte de flores,
para inútilmente creer que estás aquí. Y hace mucho que no rezo
antes de dormir. No quiero. ¿Rezar te ha tenido en un mejor lugar?
Lo que sí, exijo verte otra vez. Exijo que estés en el mejor
lugar, en donde no hay dolor, en donde debes estar.
He dejado muchas cosas en el camino, otras las he extraviado u olvidado...
pero exijo que lo sepas.
¿Me has visto crecer? ¿Me has oído llorar? ¿Has conocido a mis personas? ¿Las has visto?
He notado que Oliver tampoco es el mismo desde que te fuiste...
está triste y ya no juega igual. Está bien... ¿pero porqué justo en ese momento?
¿Porqué justo cuando más te necesitaba?
No he podido entender a dios... y en buena medida tampoco lo he podido perdonar.
Hago lo que más aprendí de ti: a amar. Amo a mi familia, amo a mi vida, amo
lo que hago y lo que no hago. Amo lo vivo... excepto por ti. Espero que lo veas, que
lo sientas, que sepas que este llanto no sólo es de rabia, sino también de
amor, que sepas que no te olvido, que no puedo, que no podría. Que sepas
que no estoy completo, que me hace falta ese aliento tuyo, y ese lugar que tú me diste
y que hoy no encuentro.
Que sepas que te extraño, que te extraño como a nadie, como a nada, que
te extraño más que al recuerdo de ti conmigo, que te extraño más que
tus arrullos, más que tus regaños, más que a mí mismo en ese momento.
Así te escribo, para querer que lo leas, para que llegue a ti como parte de ese adiós
que nunca termina... como un suspiro más hacia aquella vida.
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2 comentarios:
ja esto realmente me hizo acordarme d mushas cosas, d mushos momentos, q aun no puedo olvidar, pro m agradó, y apart m identifike cn mushas cosillas. k’pi
Supongo que este es sobre tu abuela,no?
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