viernes, 14 de marzo de 2008

Por qué, con tus encantamientos infernales, me has arrancado a la
tranquilidad de mi primera vida… El sol y la luna brillaban para mí sin
artificio; me despertaba entre apacibles pensamientos,
y al amanecer plegaba mis hojas para hacer mis oraciones.
No veía nada de malo, pues no tenía ojos;
no escuchaba nada de malo, pues no tenía oídos;
¡pero me vengaré!
Cap. 126 Rayuela


Camino, como, leo, respiro, camino, como leo, respiro, camino, leo, respiro, respiro, camino, leo. En resumen la vida sigue exactamente igual. Nada cambia. Nada ha cambiado. Yo escribo, ellos leen, nosotros respiramos. Y nada ha cambiado. El mundo sigue con su insípido andar, la gente sigue con su indiferencia a mi dolor. ¿Nadie se da cuenta de que aquí estoy? No. Eso no es lo que quiero saber. Las mismas personas de siempre se dan cuenta de que aquí estoy y seguramente si no estuviera, claro que lo notarían. No, no es eso lo que quiero saber. Lo que quiero saber es si nadie se da cuenta del tremendo dolor que está surgiendo dentro de mí. Lo que quiero saber es si acaso el mundo no es capaz de detenerse un momento para tomar el aire que a veces me hace falta. Lo que quiero saber es porqué carajo decidiste entrar en mi vida. Yo sobrevivía, era parte de este juego llamado vida. Tenía un lugar: mi lugar en este desfile de disfraces y no necesitaba más. Pero ahora no. Ahora, desde que decidiste entrar en mi vida, no me encuentro en lugar alguno. Soy un perfecto desconocido para mí. Con la misma cotidianeidad de siempre me levanto y me baño y camino y como y leo, pero yo no soy el mismo. Ahora algo me acompaña, un zumbido, una desesperación. Algo que ahí está desde que decidiste entrar en mi vida. Desde que decidiste acercarte, besarme, tocarme. Desde que decidiste que entre toda la humanidad, yo merecía tener una noche de ti. Y ahora la noche se ha convertido en interminable, pero tú ya estás muy lejos. Tú ya no te acercas, ni te respiro, ni te toco, ni te beso.
Y lo peor es que mientras tú no estás, el mundo sigue su cínico y constante ir y venir. Sigue su cínico y constante andar hacia ninguna parte. Pero yo ya no me puedo encontrar en ese lugar. En este lugar. En un lugar en el que tú no estés. He ganado mi libertad pero he perdido mis ganas de continuar. He ganado mi libertad, pero he perdido la tuya. Y mientras tanto, el mundo sigue su insípido andar del que yo ya no puedo ser parte. La felicidad, sin lugar a dudas, debe ser algo más que este lugar que he perdido. La felicidad debe estar más allá. La felicidad debe estar en tu boca y en tu pecho y en tus piernas, en tus alas de libertad que hoy no quieres compartir y que a mí me duele que no estés aquí.
Como, camino, duermo, leo, respiro. Estoy aquí, pero ya no existo para mí. El mundo sigue pero mi tiempo se detiene. Quiero perderme, desaparecer, evaporarme antes que vivir sin tu cuerpo, sin tu aroma, sin tu libertad que me aprisiona, sin tus alas que son mis cadenas. Quiero fugarme antes de saber que poco a poco dejo de existir también para ti.

Carta al Sur


Te imagino tan perdida en un mundo que siempre quisimos tan nuestro y que ahora es tan tuyo. Te imagino tan extraviada en un metro que no es naranja sino amarillo y en el que caben tantos deseos como es capaz de imaginar tu piel.
Y me veo imaginándote por encima de mi hombro, en ese lugar que debería ser tuyo y que ahora ocupo yo con mi eterno pensar en lo que puede ser… y en lo que no. Y me imagino viéndome imaginarte caminando por esas calles tan del sur, tan de nuestra gente, tan de nuestro pueblo, tan de nuestro lugar. Porque la vida está en el sur… salvo en algunos caprichos geográficos que sitúan a algunas islas un poco más al norte de donde vine, pero no de donde estoy. En donde estoy toda la vida siempre está más al sur.
Y entonces vuelvo a imaginarte sintiendo la pasión de la vida en aquel lugar que siempre quisimos tan nuestro y que ahora es tan tuyo. Y te imagino dejando por un momento atrás lo que dejaste, para crecer con lo que tienes, aunque luego regreses al lugar de donde saliste. Y yo siento que la vida se me sale por los dedos en cada palabra, en cada letra, en cada vez que te imagino sintiendo la vida de tan cerca.
Y entonces imagino tu piel de mandarina al momento de caminar por esas calles, de andar por esos parques… de bailar el tango de la pasión y la samba del olvido. De saberte por un momento tan dueña de tu destino como sólo tú lo eres y de encontrarte tan lejos de todo y de todos que una noche podrá ser enterrada para siempre a la orilla del río. Enterrada para todos y para todo, menos para ti. Y yo que muero por saberlo todo, por conocerlo todo. Por volverme un alquimista conocedor del secreto de la vida. De tu vida. Y yo que muero aún más por estar junto a ti que por estar contigo. Y yo que no quiero hablar de amores eternos, sino de pasiones diarias, de los deseos más cotidianos que se presentan de repente y sin avisar. Y yo que no quiero hablar de sentimientos sino de sensaciones. Y yo que se que no me termina de salir bien mi intento.
Y yo que quiero irme a refugiar con alguien más. Alguien que intente darme lo que tú siempre diste. Alguien que se parezca aunque sea un poco a ti y que me deje hablarle de ti como si fuera contigo. Y yo que quiero olvidarla al día siguiente. Y yo que no lo consigo.
Y tú que estás allá. En ese lugar que quisimos tan nuestro y que ahora es tan tuyo. En lo que ahora es tu espacio. En lo que ahora es tu vida. En ese lugar en donde la vida se te sale por los poros y en donde la pasión se respira como la noche. En donde tal vez no haya un mañana por la mañana pero hay un ayer por la noche. En donde te imagino imaginándome y en donde se es capaz de llegar al sur más sur. A la vida más viva.
Te imagino en ese mundo que ahora es tan tuyo y que siempre imaginamos tan nuestro y en el que imagino que tal vez podríamos descubrir y redescubrir y redescubrirnos una vez más.

viernes, 22 de junio de 2007


Al final este es el peor momento
para escribirte este poema... el que siempre te
prometí y que nunca te dí.... y ya ves,
ni siquiera es con mi pluma.
Al final acelerar y dejarte atrás ha sido
más difícil que cada lágrima que derramamos juntos.
Al final sólo siento el vacío de saber que
estás tan cerca y que te quiero tan lejos.
Al final descubrí que ese cariño que nunca dije sentir
en realidad sí existía. En realidad sí crecía.
Al final sólo queda el recuerdo y nada más.
Al final sólo queda un punto final.

lunes, 18 de junio de 2007

...¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
...Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
...Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando...

(Oliverio Girondo)

sábado, 16 de junio de 2007



¿Qué puedo hacer cuando irremediablemente a estas alturas de la noche surges en mí?
He tomado la firme y real decisión de dejar de quererte.
Y mira cómo lo digo: ya no te quiero.
Ya no te quiero, aunque en este momento pienso en ti.
Es cierto, te extraño y te abrazo en las penumbras, pero definitivamente ya no te quiero.
¿Cómo querer a alguien que no está aquí? Y sin embargo,
¿cómo dejar de querer a alguien que irremediablemente
a estas alturas de la noche aparece?
Está bien, tal vez te quiero, pero sólo por hoy, porque mañana seguro ya no te querré.

Hasta se ve bonito el mundo desde aquí arriba...
¿no quieres subir..?
No puedo. No sé escribirte. No quiero hacerlo.
Tengo miedo.
Estoy triste. Vivo triste. Te fuiste y sé que es para no
volver. Te fuiste y me dejaste solo. Totalmente y estúpidamente
solo.
Siempre has sido la persona de la que más he aprendido...
sé que he de recordarte con una sonrisa, ¿pero cómo voy a
sonreir cuando me haces tanta falta? ¿Cómo cuándo también me has enseñado
que las despedidas son largas y agónicamente difíciles?
Ese pasillo por el que tantas veces te dije adiós, y que
siempre tenía un saludo también, hoy es interminable, es presente
y futuro... y un pasado que vuelve y vuelve.
¿Te acuerdas de mí? ¿Aún me reconoces? ¿Todavía juegas al circo o
al oso polar? ¿Todavía rezas antes de dormir? Porque yo no. A lo único
que juego es a sonreir, a no recordar que ya no estás, a no pensar que
mi mamá te visita dos o tres veces al año para llenarte de flores,
para inútilmente creer que estás aquí. Y hace mucho que no rezo
antes de dormir. No quiero. ¿Rezar te ha tenido en un mejor lugar?
Lo que sí, exijo verte otra vez. Exijo que estés en el mejor
lugar, en donde no hay dolor, en donde debes estar.
He dejado muchas cosas en el camino, otras las he extraviado u olvidado...
pero exijo que lo sepas.
¿Me has visto crecer? ¿Me has oído llorar? ¿Has conocido a mis personas? ¿Las has visto?
He notado que Oliver tampoco es el mismo desde que te fuiste...
está triste y ya no juega igual. Está bien... ¿pero porqué justo en ese momento?
¿Porqué justo cuando más te necesitaba?
No he podido entender a dios... y en buena medida tampoco lo he podido perdonar.
Hago lo que más aprendí de ti: a amar. Amo a mi familia, amo a mi vida, amo
lo que hago y lo que no hago. Amo lo vivo... excepto por ti. Espero que lo veas, que
lo sientas, que sepas que este llanto no sólo es de rabia, sino también de
amor, que sepas que no te olvido, que no puedo, que no podría. Que sepas
que no estoy completo, que me hace falta ese aliento tuyo, y ese lugar que tú me diste
y que hoy no encuentro.
Que sepas que te extraño, que te extraño como a nadie, como a nada, que
te extraño más que al recuerdo de ti conmigo, que te extraño más que
tus arrullos, más que tus regaños, más que a mí mismo en ese momento.
Así te escribo, para querer que lo leas, para que llegue a ti como parte de ese adiós
que nunca termina... como un suspiro más hacia aquella vida.


Y así fue. Rápido. Sencillo. Sin tantas
metáforas ni tantas lunas frías. Sin tantos rodeos.
Ni siquiera con la visita de las 700 casas, sino
así nada más.
Apareciste un día de la manera menos pensada, de la
que nunca imaginé. Un día te vi junto a mí y ahora
lo has cambiado todo, lo has hecho a tu modo, a tu
ritmo... a tu complacencia.
Porque hoy tu voz taciturna es mi llanto más amargo y
mi risa más alegre. Porque hoy tu mirada nerviosa y
anhelante es mi tunel, un tunel del tiempo, un hoyo
negro enfrente de mí, que construye un nuevo mundo nunca
pensado.
Te apareciste un día, pequeña, frágil, sonriente... y desde
entonces mis sueños cambian, mis deseos fluyen, mi vida
gira y vuela como cometa, como papalote, como mito.
Tú psique, yo cupido. Tú elegantemente bella, yo eterno
perdido del amor. Me jalaste, me tomaste y no supe poner
resistencia. Tú anhelas, yo deseo...
Y ahora a empezar... empezar... pezar... zar... ar.

No sé decirte si llegaste en el momento idóneo
o en el peor que pudimos escoger.
Sin embargo, no dejo de soñar lo que podría ser si
tan sólo me decidiera a arriesgar, a dejar todo
atrás.
La amo. No me ama. Me gustas. Te gusto. Si todo
fuera tan sencillo como eso, si tan sólo ella o
tú no hubieran aparecido en mi vida. Por lo menos
no al mismo tiempo.
He estado más cerca de conocer tu boca que
tu apellido. He estado más cerca de ti en
dos días que de ella en dos años. He estado
más cerca de tocarte que de sentirte.
Y aún así, no dejo de soñar lo que podría ser
si nos decidiéramos a tomar ventaja, a aprovechar
tu él y mi ella para jugar a los amantes, a los
amorosos, a los amados.
Quién sabe, tal vez hasta podríamos terminar creyéndonos
el juego.
Mientras todo esto pasa, mientras te conozco, mientras te
descubro, déjame seguir tocándote, que tal vez es esa
nuestra entrada al amor.


No soy alto ni tengo grandes y duros los bíceps y cuadríceps. No tengo dinero pero sí una gracia de oso para bailar... estoy jodido.
Hablo solo, me gusta llorar, tengo la manía de escribir y de soñar... estoy loco.
Me gusta caminar, siempre hacer algo nuevo y, cada vez que puedo, usar el transporte público... estoy muy jodido.
Amo la vida, amo mi vida y me gusta gritar, aplaudir, reir, llorar, leer e ir al cine... estoy muy loco.
¿Hay alguien ahí esperando a un loco jodido dispuesto a inventar las emociones más insospechables?

Mientras mi locura (ceguera para otros)
me impida ver la pista de aterrizaje,
seguiré volando, aunque sea por
inercia.
Sólo me queda la duda de si es mejor estar sin sentir,
sentir sin estar o no estar ni sentir.
Y sólo esa duda me queda porque este bien podría ser
un bello, melodioso réquiem a la salud de nuestras vidas.
Qué ironía es eso. Es contradictorio, es paradoja.
La tinta poco a poco se acaba, y con ella mis últimas
lágrimas... ya no hay más.
Ahora, lo único que hay es un reloj anunciando el momento
de levantarse, una opaca luz alumbrando y la sombra de lo
que alguna vez fui, escribiéndote lo mucho que me dueles y
lo interminable que te amo.
Vete, y sólo si te das cuenta que tu lugar en mi cama
no es el mismo al que ahora estás, regresa para
presumirme lo feliz que eres.
Sólo si crees que mis labios nunca llegaron a tan buen puerto como hoy,
entonces regresa para demostrar lo equivocado que estaba.
Vete, y sólo regresa a darme tu fotografía, cuando
descubras que ese corazón que te escribe jamás fue
tan cálido como el abrazo que hoy tienes.
Porque si no vas a regresar para eso, o para quedarte,
mejor ya no regreses.


Porque estás tan lejana que nunca podría alcanzarte,
porque eres tan prohíbida que nunca podría besarte
y porque estás tan cerca de mí que duele.
A veces lo único que quisiera es fugarme y refugiarme
en mi isla sin nombre, en mi mundo sin reglas...
pero contigo ahí, a mi lado: porque tú eres lo que
más anhelo y también lo que menos permitido tengo.
Porque tú y yo somos tan uno con el otro que, como siempre,
la vida y su interminable lista de bromas, nos ha puesto
en este lugar, en este tiempo, en este momento en que eres
más lejana que la luna, en que eres la manzana que no
puedo alcanzar... una quimera, un fantasma que no puedo tocar
ni besar... ni siquiera decirte lo mucho que siento por ti.
Porque estás tan lejana que nunca podría alcanzarte,
porque eres tan prohíbida que nunca podría besarte,
y porque estás tan cerca de mí... que duele.


Te dejo mis letras torcidas
y un abrazo para que no olvides el calor que te tengo.
Te dejo una pluma para que me escribas
y un beso para que no olvides mi sabor.
Te dejo en el aire ese olor a nosotros y una
risa para que la escuches en el más recóndito lugar.
Te dejo un dibujo de una sonrisa para que te la
pongas cada vez que llegas a no pensar en ti.
Te dejo mis ojos, mis manos y mis pies , por si en algún
momento no saben a donde ir tus pasos, te conduzcan
inevitablemente a mí.
Te dejo la mitad de mis sueños y un pedacito de
corazón.
Te dejo un adiós que huele a suspiro, que sabe
hasta mañana.
Te dejo... pero no del todo, porque estoy,
irremediablemente, todo el tiempo junto a ti.
Confusión que embriaga,
calidez que envuelve,
amor que atormenta,
pasión que se reprime.
Labios cerrados
ojos atentos
oídos en firmes
lengua que habla.
Cuerpo que hipnotiza
pasos que vuelan
gestos que conmueven
palabras que se quedan.
Ahí estás tú, mujer,
que con un segundo en
tu poder detienes viento,
mueves tierra,
consumes fuego, mi fuego.
Mi fuego que te anhela
y te desea.
Mi tierra que te espera fértil.
Mi viento que se desborda.
Ahí estás tú mujer,
a quien ya no se si más
amo, odio, deseo o espero.
Ahí estás tú, mujer.




Ahora me doy cuenta por qué no puedo dormir.

Ahora sé que eres tú, siempre fuiste tú.

Mis ojos se caen, mi piel se derrite

y yo... y yo no puedo más...

Dormir, espero hoy sí dormir y sólo despertar para verte junto a mí.